Club de Lectura Uno

La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Junot Díaz. 2016 (Primera reimpresión: abril 2017). Peguin Random House Grupo Editorial. 330 páginas.


Desde hace unos meses me uní a un club de lectura. Había escuchado mucho sobre ellos, pero nunca había participado en ninguno. Solamente había visto escenas en películas gringas donde sus personajes se reunían a comentar los libros que habían leído, pero sobre todo (o así lo pensaban los guionistas) a saldar sus resentimientos con otros participantes del club. En todo caso, eran asuntos fugaces.

La invitación al club (que se llama Constanza) llegó de parte de mi hermana (gracias Alba), que desde hace unos años se juntaron con unos amigos para leer y hablar sobre grandes libros de la literatura. Hasta ahora, van por 30 libros leídos. Yo aterricé en el libro 29, y siguiendo con los breves comentarios que solía hacer sobre las novelas leídas, presento aquí mis apreciaciones sobre el libro 29, que son asÍ:

De Junot Díaz había leído Los boysEn La maravillosa vida breve de Óscar Wao, me encontré nuevamente con un relato sobre migrantes, pero esta vez cargado con el relato de una de sus causas: la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana. Díaz, originario de la RD, se adentra en los abismos de la historia para construir un novela dónde a través de Óscar Wao, como personaje principal, y de toda su familia (la Inca, Belicia, Lola) -en una narración que va del presente al pasado y del pasado al presente-, se evidencian los sufrimientos, desventuras, contradicciones, amores y desamores de una generación de dominicanos que huyeron de la dictadura (la diáspora) para enfrentar el desarraigo en un país (Estados Unidos) que todavía no quiere ser el suyo. No es fácil enfrentarse al hecho de dejarlo todo para empezar de nuevo, de dejarlo todo sin posibilidad de llevarse nada, de dejarlo todo sólo para huir de una situación desesperada. (La migración interna en Colombia -el llamado desplazamiento forzado- sigue siendo un fenómeno muy oculto. Ahora con la migración masiva de venezolanos a casi todas las ciudades colombianas, se puede ver que nunca estamos exentos de enfrentar un éxodo similar por las fluctuaciones dramáticas, que se suceden a velocidades sorprendentes, en las decisiones económicas y políticas de cada pedazo de tierra que decidió llamarse un estado o país. Así lo hace ver Ai Weiwei en su película Marea Humana). 

Díaz, a través de una escritura que refleja los modos de expresión del habla, si se quiere urbana -y en este caso, de la urbanidad estadounidense construida con la mistura inevitable de las sonoridades del español, que hará aparecer con más fuerza una nueva lengua que por ahora llaman de espanglish-, nos muestra también los elementos que forzaron el pensamiento dominicano, influenciado -como en todo el continente americano- del simbolismo y de la religiosidad africanas, y que en el caso de la novela, lleva a cuestionar si toda nuestra existencia puede estar predestinada tanto al éxito como al fracaso. Pero más que eso, es una predestinación a la maldición: “Fukú americanus, mejor conocido como fukú -en términos generales, una maldición o condena de algún tipo: en particular, la Maldición y la Condena del Nuevo Mundo” (Pág. 13). Es como pensar que cada cosa que nos sucede, es algo que nos arrastra, inevitablemente a cumplir con designios que nosotros mismos nos hemos pactado, y de los cuales algunas veces no tenemos ni el menor conocimiento que lo hemos tomado. No es más que pensar que todo el maremágnun de dictaduras que aún se camuflan por todo el planeta, son sólo el resultado de una única maldición que se conjuró en el mismo instante que decidimos conquistar y colonizar pueblos y comunidades, en el momento en que pensamos que no existen ningún otro más que nosotros; o pensar que las vicisitudes por las que atraviesan nuestras familias están signadas por alguna decisión que desata la fuerza incontenible de los hechos.

Muchos problemas que ahora nos aquejan, no están por fuera de las distinciones que se crean por las desigualdades o malcomprensiones que, como sociedad nos hacemos para diferenciarnos los unos de los otros. Estereotipos, racismo, xenofobia, violencia contra las mujeres, pueden ser sólo estados de una misma maldición (fukú): el poder. Estamos arropados con una idea poderosa que nos permita decirle a cualquiera (sea ese cualquiera un país o una persona): ¡Usted no sabe quién soy yo!

Terminé el libro pensando que Díaz pudo compilar en 330 páginas una historia que hace un acertado reflejo de lo que nos sucede ahora, y que en unos años podamos reconocer mejor su aporte, como han dicho que han hecho otras novelas.

Para finalizar, una cita:

Nunca son los cambios que queremos los que cambian todo. (Pág. 63).

Como si fuera un microrelato

Es como empezar, un día, a caminar unos 15 minutos para ir a mi trabajo y mientras camino, recordar las veces que andaba perdido, dejando que un taxi me mostrara un posible camino a un lugar ahora no tan desconocido, imaginando lo que sería vivir en una ciudad diferente a la que había vivido y quizás, lo mejor de todo, tener la posibilidad de hacer lo que después llegué a decir que era mi deseo: pensar. Recordar que ese deseo se atraviesa por otros que habían tomado forma poco a poco, deseos que me llevaron a estar caminando ahora a mi trabajo: el deseo de redefinir el tránsito que me había trazado para mí, buscando la posibilidad de lograr una (¿anhelada?) estabilidad laboral; y el deseo de marcar diferencias por lo que había hecho hasta ese momento para volver a sentir la extrañeza de lo desconocido.

(Relato escrito durante el Momento 3 del Seminario “Preguntas por las epistemes y los métodos de investigación de un colectivo” del Colectivo de Investigación en Arte y Cultura del semestre A-2018, en la conversación liderada por Patricia Triana)

Invitando: Summa Pictórica

Y nos dio por crear un compendio -siguiendo esos grandes compendios que se hacían hace unos buenos siglos- para hablar de pintura.

Desde hace más de un año, estoy en un grupo de estudio  que se dedica a hablar de pintura. Nos encontramos cada 15 días para compartir nuestras expectativas, ideas y visiones de ese gran medio de expresión que sigue manteniendo su vigencia, a pesar de todo. Y como queremos que nuestras discusiones no se queden por fuera de la acción pictórica, quisimos compartir lo que hemos hablado en estos últimos meses, presentado una serie de pinturas que intentan dilucidar discusiones que se han tenido, se tienen y se tendrán en torno a la pintura.

Para mí es muy especial estar en esta muestra, pues es la primera vez que entro en escena como artista (un artista profesor y un profesor artista) dentro de la Universidad del Tolima, universidad en la que profeso hace ya unos 6 años.

La pintura es para mí una especial manera de pensar: si no pinto no sabría que decir ni que hacer. Con la pintura organizo mi mundo.

22.04.2017

Una nueva marca. Un nuevo registro. Un cuerpo marcado (violentado). Un nuevo inicio. Nuevos pensamientos. Contemplación. Detenerse. Comenzar de nuevo. Un nuevo tiempo para el pensamiento. Detenerse. Pensar.

Susto. Compañía. Amor. Amistad. Cadena de bienestar.

Ahora es un recuerdo.

Invitando: (Inmóvil-Móvil-Inmóvil)

 

Después de muchos ires y venires, de impulsos creativos que se disipaban por la inercia de lo laboral y lo doméstico, pude concretar en un proyecto (el mejor lugar para la creación y el pensamiento en el arte), ideas que venia tratando de entender desde hace varios años. Gracias a la invitación que me hicieran los integrantes de Sin Sala Espacio Taller de Montaje, puedo presentar un avance de este proyecto que he títulado Escenificar un ambiente propuestoen el cual pretendo indagar, inicialmente, sobre tres palabras clave: ambiente, medio y técnica, palabras que me inquietan ahora y que de alguna u otra manera, he reflexionado, decantado y complejizado a partir de los proyectos Transurbano Alguien / Algún Lugar.

Este avance se llama (Inmóvil-Móvil-Inmóvil). En él haré un juego entre un ambiente (acelerado) -que se construirá con fotografías y pinturas- y los aportes fotografícos que llegarán a partir de una invitación que hiciera y en la cuál busco una colaboración para seguir entendiendo eso que llamamos ambiente.

Creo que llegó la hora de entrar en escena.

Invitación a participar

Invitación a participar:

  1. Busque o tome una fotografia de un ambiente que llame su atención.
  2. Envíela al buzón de correo electrónico info@oscarayala.com y/o ojayalas@ut.edu.co

Con las fotografías enviadas se realizarán dibujos, mapas, relatos que terminarán de construir el ambiente INMÓVIL – MÓVIL – INMÓVIL exhibido en Sin Sala Espacio Taller de Montaje

Presentando

Sigo con la aceleración. Dicen últimamente que el tiempo se está acelerando, que la expansión del universo ha llevado a que nuestra percepción se acople a esta nueva dimensión y que estemos ahora dados a vivir en ingentes velocidades. ¿Estamos acelerados?

Desde hace unos buenos meses ando metido en la pintura tratando de hacer que ésta se muestre “acelerada”. Había presentado antes una fotografía en dónde se mostraba parte del proceso de realización de estas pinturas  que presento hoy. En estas siete pinturas (más otras dos que están a punto de ser presentadas) intento, trato (con la maravillosa fuerza del hacer una y otra vez) de construir un ambiente en el cuál nuestra propuesta de percepción sea dada por las líneas, colores y texturas que se desvanecen con la velocidad de nuestra mirada. Así, como en la contemplación (de un paisaje) se estabilizan los entornos (quietud (in-móvil)), en la aceleración (de un paisaje) se recomponen los elementos (agitación (móvil)) que se vuelven determinantes en la construcción de cada pedazo de ambiente que es recortado, extraído, tanto en una pintura como en un fotografía. Todo depende de la dirección que le imprimamos a la extracción y de la velocidad en que nos movemos.

Así es pues, esta pintura que se acelera.

Lecturas Bucaramanga VII

Llevo un buen tiempo sin reseñar las novelas leídas. Lo que ha pasado es que el tiempo se ha disuelto tanto, que ahora el espacio para pensar se ha tornado más pausado. En estos últimos 16 meses (algunas novelas llevan un poco más de leídas) estas son las novelas que he leído:

1. Tomás González. La luz difícil ::: Leí esta novela por recomendación de un amigo (Gracias Rodrigo). En ese momento andaba buscando novelas cuyos protagonistas fueran pintores. Preparaba un curso que pintura y quería que los estudiantes se acercarán a este hacer desde relatos que mostrarán el pensamiento de los pintores. En esta novela, aunque el protagonista es un pintor, la historia no gira sobre sus pinturas sino sobre una difícil situación familiar. Por eso no incluí este libro dentro de las recomendaciones del curso que estaba organizando. No conocía a este escritor colombiano. (Dentro de las recomendaciones estaba también Barbazul de Kurt Vonnegut y Salvatierra de Pedro Mairal. Pude encontrar en ellas, relatos que muestran las complejidades que se encuentran en la pintura). Después de leer esta novela, fueron apareciendo en el radar, otras novelas más de este escritor. Espero agarrar otra, para continuar con ese maravilloso descubrir de los escritores colombianos.

González, Tomás. (2011). La luz difícil. Bogotá: Alfaguara.

2. Enrique Vila-Matas. Dublinesca ::: Había leído de Vila-Matas Dietario Voluble (que por diferentes razones no he terminado aún). Ahora no recuerdo muy bien como llegó este libro a mi haber, pero tuvo que ser en una feria o algo así. Con este libro terminé mas que atrapado con el universo de Vila-Matas (como se puede notar en la profusión de citas que extraigo). Personajes que aún después de estar recorriendo por el mundo, tienen mucho de encontrar y que siempre tiene que decir. Es una novela sobre un viaje y sobre el recuerdo de otra novela. Una suerte de homenaje o de inside a los escritores, a las historias y a la literatura, a los mitos. Espero seguir disfrutando por ahí, de a pocos, de la literatura de Vila-Matas.

  • También aquí, como sucedía en aquella película, se percibe la evidencia de que la inutilidad de cualquier intento de construir racionalmente el mundo exterior implica necesariamente la incapacidad de crear una identidad propia. (38).
  • Fue un momento
    un momento
    en el centro del mundo. (54)
  • “… lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado”. (55).
  • Este fragmento le recuerda una frase de Cortázar oída misteriosamente un día en el metro de París: “Un puente es un hombre cruzando el puente”. (57).
  • Personifica el clásico forastero. Tiene ciertas raíces judías como él. Es un extraño y un extranjero al mismo tiempo. (60).
  • Yo me contentaría sólo con vivir en Nueva York, pero llevando allí también una vida sencilla, en contacto siempre con la sedante ordinariez de lo cotidiano. (61).
  • Las mismas habilidades que se necesitan para escribir se necesitan para leer. (63).
  • Ya no sólo es que sean mucho más bonitas las inglesas, sino que ofrecen un espacio confortable y mejor pensado para relacionarse con la palabra, no como la francesas que son raras y pensadas para la impresentable estética pedante de silencio. (67).
  • Le intriga Nueva York y cuando piensa en esa ciudad siempre se acuerda de unas palabras del joven escritor y amigo Nietzky, que desde años tiene casa allí: “Vivo en la ciudad perfecta para disolver su identidad y reinventarse. En España, la movilidad es muy difícil: te marcan de por vida en la casilla que creen que te corresponde”. (68).
  • “La importancia de otro lugar”, se llamaba el poema de Larkin que hablaba de Irlanda y que durante mucho tiempo le gustó mucho. Lo recuerda muy bien. Allí el poeta inglés hablaba de que no se le permitía sentirse como un forastero en Inglaterra, su país. Y decía que, cuando estaba solo en Irlanda, puesto que no era su tierra, al menos allí veía que era posible ser forastero… (70).
  • Ya se sabe: las casualidades gobiernan la vida. (74).
  • … en realidad de poder dejar atrás todo lo que se cruzara en el camino, dejar constantemente todo atrás, se libre y móvil, sin frenarse nunca. (76).
  • – No, si ya se sabe -dice Ricardo-. Siempre aparece alguien que no e esperas para nada. (84).
  • Después de dos años de abstinencia, está confirmando una vieja sospecha: el mundo es muy aburrido o, lo que es lo mismo, lo que sucede en él carece de interés si no lo cuenta un buen escritor. (89).
  • Desde que tiene uso de razón oye decir que nos hallamos en un periodo de máxima crisis, en una transición catastrófica hacia una nueva cultura. Pero lo apocalíptico ha estado siempre, en todas la épocas. (105).
  • Cualquier crisis es sólo, en el fondo, la proyección de nuestra angustia existencial. Quizá nuestro único privilegio sea simplemente estar vivos y saber que vamos a morir todos juntos o por separado. (106).
  • Aunque hará bien en no olvidar que una persona sabia es aquella que monotoniza la existencia pues, entonces, cada pequeño incidente, si sabe leerlo literariamente, tiene, para ella carácter de maravilla. En realidad, no olvidarse nunca de esta posibilidad de monotonizar a conciencia su vida es la única o mejor solución que queda. (114).
  • … y luego le viene a la memoria aquella famosa descripción del fantasma que se encuentra en el Ulysses: ¿Qué es un fantasma? -preguntó Stephen-. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser un impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres. (122).
  • Una relación íntima entre dos personas es un instrumento de tortura entre ellas, ya sean personas de distinto sexo o del mismo. (124).
  • Como futuro miembro de la Orden de Finnegans y supuesto buen conocedor de la obra de Joyce, sabe que el mundo funciona a través de insignificancias. (133).
  • Recuerda que anoche Celia, con marcada acento budista en sus palabras, le decía que siempre estamos tejiendo y entretejiendo en cada momento de nuestras vidas. Tejemos, le decía Celia, no sólo nuestras decisiones, sino también nuestros actos, nuestros sueños, nuestros estados de vigilia: de una forma perpetua tejemos un tapiz. Y en el centro del mismo, concluyó Celia, a veces llueve. (142).
  • Temas: Los de siempre. El pasado ya inalterable, el presente fugitivo, el inexistente futuro. (164).
  • “En lo que el hombre piensa se convierte”, recuerda que le decía su abuelo. (192).
  • Ya sabe que un fantasma pertenece a nuestra memoria, casi nunca llega de tierras lejanas o del espacio exterior. Es nuestro inquilino. (198).
  • …, porque en el fondo aquella historia estaba llena de brutales microacontencimientos, del mismo modo que, aunque a veces no no demos cuenta, también suceden muchas cosas en nuestra aparentemente lánguida vida cotidiana; una vida que parece plana, pero que de pronto se nos aparece cargada de grandes asuntos minúsculos y también de leves malestares graves. (241).
  • Riba ha leído en su vida lo suficiente como para saber que cuando tratamos de comprender la vida mental de otro hombre nos damos cuenta muy pronto de cuán incomprensibles, cambiantes y brumosos son los seres que comparten con nosotros el mundo. Es como si la soledad fuera una condición absoluta e insuperable de la existencia. (242).
  • Después de todo, pensó, la religión no sirve para nada, pero el sueño del cambio es muy religioso, siempre será más religioso que todas las religiones, quizá porque cuando se duerme se está más cerca de Dios… (249).

Vila-Matas, Enrique. (2011). Dublinesca. Barcelona: Random House Mondadori.

3. Haruki Murakami. After dark ::: Vuelvo a uno de mis escritores favoritos. Esta vez con este libro, estuve de nuevo dentro del universo narrativo de Murakami: situaciones inesperadas, fantásticas, con personajes que están en constante fuga de lo conocemos como realidad, saliendo o entrando de ella. Su lectura fue recordar los cuentos de Murakami, que había leído en Sauce ciego, mujer dormida. Este libro creo que está en medio de un cuento y una novela. Creo que hay algo que con Murakami no podemos olvidar: que nunca sabremos en que lugar de lo real nos encontramos. Es algo así:

  • La noche se ha acabado por fin. Aún falta mucho tiempo para que nos visiten de nuevo las tinieblas. (248).

Murakami, Haruki. (2010). After dark. Buenos Aires: Tusquets Editores.

4. Enrique Vila-Matas. Kassel no invita a la lógica ::: Caminando sin preocupación por la Librería del Fondo de Cultura Económica en Bogotá, un sábado por la mañana, haciendo tiempo de espera, me encontré con este maravillo libro de Vila-Matas. Visto de reojo, me dejé tentar inexorablemente y no dudé en comprarlo. De lejos se convirtió en un buen referente para seguir pensando y repensando, mejor, entrando en ese mundo que no es extraño para mí: el mundo del arte. En algunas ocasiones, he terminado recomendando este libro a amigos a los que el arte que se llama “contemporáneo” no es más que un amasijo de incomprensiones y de malformaciones de algún sentido “estético” que se terminó de condensar a mediados del siglo XX. Creo que Vila-Matas escribió este libro para, precisamente, “entrar” y entender el mundo del arte (¿contemporáneo?) que asombra, aterra y deja perdidos a casi todos. Me gustan estas apuestas por comprender. Muchos de los temores que como humanos tenemos a lo desconocido, son (in)comprensiones que aún no se han estabilizado y que buscan no perder la comodidad de los relatos tradicionales con los que nos contamos el mundo. Lo cierto es que, así como sucede en el arte, también sucede en otros aspectos de nuestras ideas humanas: estamos siempre temerosos de la muerte de los dioses, de la muerte de los relatos. Recuerdo unas palabras de Natalia Gutiérrez en una conferencia que se hiciera sobre la exposición de Mario Opazo en el Premio Luis Caballero del año 2009, Expulsión del paraísoEn ellas, Natalia Gutiérrez responde a una pregunta sobre como “entender” el arte diciendo que, para poder comprender cualquier obra de arte lo único que se tiene que hacer es describir lo que se está viendo. Y así es: para entender lo que nos pasa, tenemos que aprender, siempre, a describir. No dejen de leer esta fabulosa novela, para conectar con ese nuevo mundo que no queremos describir, que queremos dejar de lado como si ya no estuviera con nosotros. Entremos en el mundo del arte.

  • Cuanto más de vanguardia es un autor, menos puede permitirse caer bajo ese calificativo. (9).
  • Pero, a todo esto, ¿quiénes eran los vanguardistas? (15).
  • … pensaba poner toda su artillería pesada en la idea del desplazamiento, deseaba colocar a los artistas fuera de sus domicilios cerebrales habituales. (17).
  • Era evidente, leí en un periódico digital, que Kassel 2012 reproducía “esa condición posmoderna de lo sublime: el sentido de la propia infinitud ante una experiencia de lo desmesurado que apunta hacia lo que jamás aprehenderemos ni entenderemos”. (34).
  • No hay un buen viaje si éste no lleva incorporado al propio desplazamiento el infinito placer y la gran excitación que producen los grandes momentos de miedo, inherentes al propio viaje. (38).
  • Y soné que alguien me preguntaba de un modo insistente si no creía que el gusto tan moderno por el universo de las imágenes se alimentaba de una oscuro oposición al saber. (42).
  • … me había prohibido a mí mismo reírme sistemáticamente, como lo hacen tantos, de cierto arte de vanguardia que aspira a la originalidad. (46).
  • -¡Esto es tan contemporáneo! -exclamó. Se refería a que en el mundo estaba cada día más a la orden del día no saber nada acerca de todo aquello que era verdaderamente contemporáneo. (53).
  • Y cuando le preguntaban si se seguía innovando en el arte o se estaba repitiendo esquemas, ella contestaba: “En arte no se innova, eso ocurre en la industria. El arte ni es creativo ni es innovador. Eso dejémoslo para el mundo del zapato, de los coches, de la aeronáutica, es un vocabulario industrial. El arte hace, y ahí ta las compongas. Pero el arte, desde luego, ni innova ni crea”. (56).
  • Y me di cuenta de que ese arte de viaje andado facilitaba, entre otras cosas, la facultad de decir cosas sin pensarlas antes; las decía uno permitiendo que salieran literalmente volando de su boca. (58).
  • … Boston me habló de la convicción de Carolyn Christov-Bakarguiev de que con el arte se podía cambiar la realidad, aunque no forzar es cambio… (64).
  • Por ese y otros motivos, decidí centrarme en la brisa invisible. Y entonces, consciente de lo que significaba tomar ese camino, me pregunté por el autor de esa frase que decía que el hueco que la obra genial deja cuando quema lo que nos rodea será siempre un buen lugar para encender la pequeña luz propia. (67).
  • Se lo comenté a Boston y dijo que podría estar equivocado, sobre todo si no tenía en cuenta que Carolyn Christov-Bakargiev opinaba que en arte la confusión era un hecho verdaderamente maravilloso. (70).
  • … me había recordado a los filósofos de la escuela de Tlön que declararon que, por si los mortales aún todavía no lo sabíamos, era conveniente que supiéramos que ya había transcurrido todo el tiempo del mundo y nuestra vida apenas era el recuerdo o reflejo crespuscular, sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. (76).
  • Y confirmé por otra parte que, en efecto, la soledad era imposible porque estaba poblada de fantasmas. (92).
  • Su ideal filosófico fue la búsqueda de lucidez liberadora, de apertura de la conciencia y del mundo; no quería ofrecer la verdad, sino la veracidad, ejemplos y no razonamientos, motivos y no causas, fragmentos y no sistemas. (93).
  • Y me acordé de que, a mediados del XIX, ningún artista europeo ignoraba que, si quería prosperar, debía interesar a los intelectuales (la nueva clase), lo que provocó que la situación de la cultura se convirtiera en el tema más trataban los creadores y que el propósito exclusivo del arte pasara a ser el de sugerir e inspirar ideas. (98-99).
  • Y lo mismo, recuerdo, me ocurría con Manet, tan influenciado por Mallarmé, cuyo discípulo más importante puede que fuera -me atrevo a decir- Marcel Duchamp. Mallarmé le dijo a Manet: “No pintes el objeto en sí, sino el efecto que produce”. En esa frase se anunciaba el abandono moderno de la obra plana y el ascenso del concepto a un lugar preferente. (99).
  • Me acordé de Stanislaw Lem y de su Historia de la literatura bítica, con sus cinco volúmenes publicado en París. En ella, Stanislaw Lem, en su ficción sobre el futuro (en este caso ya sobre nuestro pasado), decía que a finales de los años ochenta del siglo XX, a partir de la decimoquinta binastía de ordenadores parlantes, se demostró que era una necesidad técnica dar a las máquinas periodos de reposo en los que éstas, libres de “instrucciones programadoras”, pudieran caer en un “balbuceo” y en “barajar a ciegas” y, gracias a esta actividad errática, ayudar precisamente a regenerar la capacidad de las máquinas. (105).
  • … cuando me pregunte si no sería que en el ámbito del terreno creativo nos encontrábamos en un periodo de reposo nacido de una necesidad técnica, un periodo del que los ingenios parlantes que en definitiva éramos todos saldríamos más reforzados. (106).
  • … lo que a la larga acababa demostrando lo complejo que era mantener el orden en un caos programado. (141).
  • … empecé a deslizarme peligrosamente hacia ese tormento sólo para mentes angustiadas que los franceses llaman “l’esprit de l’escalier” (el espíritu de la escalera), que consiste en encontrar demasiado tarde la réplica: pasar por ese momento en el que encuentras la respuesta, pero ésta ya no te sirve, porque estás ya bajando la escalera y la réplica ingeniosa deberías haberla dado antes, cuando estabas arriba. (144-145).
  • Cualquier actividad ligada a la vanguardia, suponiendo que la vanguardia aún existiera (lo que a medida que pasaban las horas ponía yo más en duda) no debía perder de vista nunca el lado político; un lado que requería que se tuviera en cuenta también que quizás nada nos sentaría mejor a nosotros, pobres mortales, que un día la vanguardia desapareciera, pero no de agotamiento, sino por lo contrario: porque, a través de una corriente invisible, se hubiera transformado en fuerte de energía absoluta y convertido ella misma en nuestra fascinante propia vida. (152).
  • Una vez más, volví a decirme que la escritura nacía de ese espíritu de la escalera y era en el fondo la historia de una larga venganza, el dilatado relato de cómo poner por escrito lo que en su momento deberíamos haber puesto en la vida. (155).
  • (“Cambiar tu vida del todo en dos días, sin importarte en absoluto lo que ha ocurrido antes, marcharte sin más. Después de todo, lo correcto es largarse”). (167).
  • Me acordé de que Chesterton decía que había una cosa que daba esplendor a cuanto existía, y era la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.
    Tal vez era ese el deseo de que hubiera algo más lo que nos llevaba a buscar lo nuevo, a creer que existía algo que pudiera todavía ser distinto, no visto, especial, algo diferente a la vuelta de la esquina más inesperada; por eso algunos nos habíamos pasado toda la vida queriendo ser vanguardistas, pues era nuestra forma de creer que en el mundo, o tal vez más allá de él, más allá del pobre mundo, podía haber algo nunca visto. (170).
  • Eso me asustó porque me acordé de un dicho popular que dice que en el origen de los tiempos hubo un malentendido y éste será nuestra perdición. Y porque recordé también que todo lo que sucedía en el mundo lo causaban ese tipo de peligrosos equívocos. (178).
  • Aquí no se medita acerca de nada, ni siquiera sobre la figura del dormido, podría decir también el cartel sobre mi mesa.
    O bien (ésta sería la versión de Autre): Aquí se intenta en realidad ir hacia nada, literalmente hacia nada.
    O bien ésta: Cuando se duerme se está más cerca de Duchamp. (183).
  • Humboldt decía que de algún modo Artaud había comprendido que el único arte que podía interesar a los intelectuales era uno que celebrara la primacía de las ideas. Los artistas debían interesar a los intelectuales, la nueva clase. Por eso la situación de la cultura y de la historia de la cultura se había convertido en el tema del arte. (197).
  • Así que sentía que arruinar las ilusiones agoreras de tantos amigos instalados en el fin del arte, ese final que lamentablemente ellos confundían con el del mundo, asunto bien distinto. (198).
  • Luego le dije que en general la obra de arte -como ocurría en el cuarto oscuro de Sehgal- pasaba como la vida y la vida pasaba como arte. (211).
  • Un hecho, por banal que sea, es normalmente la consecuencia de otros que lo precedieron. (218).
  • … la idea que tenía Chus de que el arte era esencialmente pensamiento más que experiencia, lo que la llevaba a pensar que los artistas deberían tener un papel fundamental en nuestra sociedad, como también tendría que tenerlo la poesía, si es que arte y poesía no eran lo mismo. (235).
  • ¿Sabía que para mí en el tiempo uno sólo podía ser lo que era mientras que en el espacio se podía ser otra persona? (256).
  • El arte, pensé entonces, es algo que no está sucediendo. (260).

Vila-Matas, Enrique. (2014). Kassel no invita a la lógica. Barcelona: Editorial Seix Barral.

5. Chico Buarque. O irmâo alemão ::: Compré este libro en un corto viaje que hice a Brasil, junto con otros que están a la espera de ser leídos. Leyendo en el maravilloso mundo de la lengua portuguesa, me sumergí en una novela con agradables cambios de narración, construidos hábilmente por Buarque, y por una historia de búsqueda y encuentro de la historia familiar. Así, buscando es que podremos recordar de que estamos hechos. Pienso que por eso leo, para que me ayuden a recordar.

  • Os livros que lemos também nos leem /  Os livros veem em nossos olhos gritos e sussurros ocultos /  Os livros ouvem tudo o que tememos… (147).

Buarque, Chico. (2014). O irmão alemão. São Paulo: Companhia das Letras.

6. Alberto Fuguet. No ficción ::: Llevaba tiempo sin leer (ni encontrar) nada nuevo de Fuguet. En la última Feria del Libro de Bogotá me encontré con este libro, y por supuesto, lo compré de una, junto a la novela que ahora leo, Sudor. Debo reconocer que fue una lectura difícil, pues esta vez Fuguet hace un ejercicio, muy interesante, de narración, en la cuál se privilegia el diálogo: toda la novela es una conversación entre dos amigos. De ahí la dificultad, puesto que no había leído antes un libro que estuviera escrito así. Fuguet había realizado algunos aproximaciones a esta forma de narración en el libro Cortos. En No ficción, lleva esta idea hacia un nuevo nivel y por cierto, logra un buen resultado. De hecho, casi todas nuestras interacciones se basan en una conversación: en momentos de tensión, en silencios, en esperas, en sobre-entendimientos, en incomprensiones, en momentos de empatía. Siempre estaremos en busca de comprender quienes somos, que pensamos, con quienes nos juntamos.

Fuguet, Alberto. (2015). No ficción. Bogotá: Penguin Random House Grupo Editorial.

7. Haruki Murakami. Los años de peregrinación del chico sin color ::: Más de Murakami. Siempre más. Con las historias de Murakami aparecen varias envolturas que permiten viajar en su universo, lleno de misterio y de búsquedas, lleno de lo que, aparentemente, no tiene explicación. Bajo unos personajes que tienen en sus nombres relación con colores, se va entretejiendo esta historia en la que Tsukuru Tasaki deambula para reconstruir acontecimientos que le dejaron una profunda huella. Peregrina, sí, hasta que recupera el sentido que colorea nuestra existencia. Ahora que escribo esto, pienso que algunos de los libros que he leído últimamente están bajo este tono: el tono de la búsqueda.

  • -Los objetivos concretos simplifican la vida -sentenció Sara. (27).
  • -Aunque logres ocultar los recuerdos, o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia -dijo Sara alzando la mirada hacia Tsukuru-. Más vale que te quede grabado: la Historia no puede borrarse ni alterarse. Porque significaría matarte a tí mismo. (41).
  • Los celos -por lo que Tsukuru coligió del sueño- son la prisión más desesperanzadora del mundo. Porque es una prisión en la que el preso se confina a sí mismo. Nadie lo mete a la fuerza. Uno entra por voluntad propia, cierra con llave desde dentro y lanza la llave por entre los barrotes. Y nadie en el mundo sabe que está ahí recluido. Naturalmente, si se decidiera a salir, podría hacerlo. Porque la prisión está en su interior. Pero no se decide. Su corazón se ha vuelto dura como un muro de piedra. Ésa es la esencia de los celos. (48).
  • En cualquier caso, así fue como se convirtió en esa persona llamada Tsukuru Tazaki. Antes de eso, no era nada; simplemente un caos primigenio sin nombre. Un pedazo de carne rosada que  no alcazaba los tres kilos, que a duras penas respiraba y berreaba en la oscuridad. Primero le dieron un nombre. Después surgió la conciencia y la memoria, y a continuación se formó el ego. El nombre fue el punto de partida de todo. (60).
  • -Nunca he esperado aprender esas cosas en la universidad. Sólo busco algo de tiempo y un ambiente de libertad, nada más. Para debatir en el ámbito académico en qué consiste el “pensamiento libre” hace falta un marco teórico del que partir, lo cual resulta muy engorroso. La originalidad no es más que una imitación hecha con juicio. O eso decía el realista de Voltaire. (66).
  • -El mundo no se pone patas arriba tan fácilmente -le contestó Haida-. Las que están patas arriba son las personas. No lamento perdérmelo. (74).

Esta entrada se actualizará con:

8. Tewalos Doduar. Digisteam :::

9. Alberto Fuguet. Sudor :::

Invitando a la exposición “Paisaje y Gente”

Estaré de nuevo de exposición. Esta vez, en el marco del Festival de Arte de Ibagué 2016. Catalina, Mónica y María Angélica amablemente me han invitado a que las acompañe en este EmbelecoDespués de recibir la invitación, lo pensé complicadamente y decidí unirme al juego, buscando en lo que ya había pensado, tratando de volver a pensar esas complejas relaciones que establecemos con el paisaje.

No es más que se acerquen a este embeleco, para estar más enredarnos con el arte, el paisaje y el café.

(En) estos tiempos (¿modernos?)

Mucho creo ahora, con los vertiginosos cambios de dirección de este mundo, al que nos hemos acostumbrado desde mediados del siglo pasado (y por sí, hay que tener en cuenta que sólo es poco tiempo, si vemos estos acontecimientos humanos desde una perspectiva geológica), que estamos viendo aparecer, de nuevo, mucho de lo que supusimos y decidimos que habíamos superado.

Habíamos pensado y conducido con nuestra más alta pretensión de racionalidad, que después de la Segunda Guerra Mundial todo movimiento ideológico que manifestará sus alcances con la furia de los totalitarismos, era algo que podríamos manejar, neutralizar, para elevar nuestro maltratado “ser racional” y decirnos que cada día nuevo, cada mes nuevo, cada año y siglo nuevo, que llegaríamos a convertirnos en lo más civilizado que aún no hemos conocido, pero que proyectamos al tiempo por venir, con las creencias en que nuestros más afamados avances en las áreas que más queremos, nos dan el prestigio (lo que es llamado ciencia y lo que es llamado tecnología) para ponernos en ese lugar que proyectamos como nuestro sueño ideal (un sueño que hoy es perversamente “americano”).

Lo cierto es, que estamos frente a un espectro que siempre ha estado con nosotros y que afanosamente olvidamos, por lo maravilloso con lo que nos han vendido el progreso, ese progreso que se nos presenta bajo esa “cultura” (subsumida y subvalorada a ese terco llamado de “tecnología y tecnológico”) que nos hace pensar en prótesis (extensiones) de nosotros mismos.

Quizás, si vemos de cerca, el tiempo -ese tiempo que queremos modernizar bajo cualquier pretexto y excusa-, es un tiempo circular. En ese interminable ciclo del RE, es que venimos reciclando ideas que quisimos olvidadas, pero que están ahí, acechándonos de cerca, para cuando las pensemos perdidas, vuelvan sobre nosotros, buscando ver si hemos aprendido, preguntándonos si ya nos hemos (des)acostumbrado, llevándonos de nuevo al punto de tomar la fuerza necesarias para modularlas y transformarlas.

Estos cambios de polo (como si ya se nos cayera encima la inversión de polaridad) me hacen recordar algunas palabras que escribió Roberto Esposito en su libro El dispositivo de la persona (2011), ahora que la velocidad de lo que suponemos que cambia se nos aproxima. Palabras que debemos contemplarlas en su extensión, palabras que suenan así:

Se trata de la hipótesis, (…), de que el pasado o, por lo menos, algunas de sus figuras decisivas, (…), retornan en tiempos posteriores a causa de su inactualidad, de su carácter anacrónico o “anacronizante”. 

(…)

Lo extraño -aún en el plano temporal- es, como se sabe, el núcleo escondido de lo familiar, así como lo arcaico a menudo se halla tan indisolublemente conectado con lo contemporáneo, que constituye su arista más marcada. Pero, como ya se dijo, no se debe perder de vista que lo que podemos definir como resurgimiento de lo arcaico en lo actual no ocurre por la proximidad de segmentos temporales consecutivos, sino precisamente por su distancia. En otras palabras, la distancia, la ruptura de continuidad cronológica -implantada por lo que se ha dado en denominar “futurización” de la historia-, es justamente la que abre, en el flujo del tiempo, esos vacíos, esas fracturas, esas hendiduras por las que lo arcaico puede volver a surgir, aunque, sino como espectro o fantasma que se despierta, o que es despertado, por los brujos de turno (a menudo despertado, precisamente -entendámonos-, también por negación absoluta). (Pág. 81-82).

Aunque creamos firmemente que hemos cambiado, seguimos siendo los mismos humanos que buscamos hacernos espacio, con nuestras ideas idealizadas, tratando de conquistar el mundo desde que eramos cazadores y recolectores, un mundo que cada vez se deshace (y se renueva), inevitablemente frente a nosotros mismos.

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